domingo, 19 de marzo de 2017

Visita a Campo de Criptana (Ciudad Real)

Después de unas semanas agotadoras con exámenes en el último año de instituto de nuestro hijo mayor, decidimos hacer una de nuestras escapadas de día y para ello elegimos la localidad de Campo de Criptana en Ciudad Real, así escapábamos con seguridad del mal tiempo yendo al sur (nos hizo un día soleado y caluroso, muy primaveral) y a no mucha distancia de Madrid, una hora y media aproximadamente y de paso celebrábamos el Día del Padre rodeados de los mejores compañeros de viaje posibles, así que de nuevo los 7 fantásticos nos embarcamos en una de nuestras típicas salidas a descubrir lugares nuevos. 

Llegamos a la localidad de Campo de Criptana y por desgracia no pudimos acceder a la explanada que hay justo al lado de los molinos porque había una carrera ciclista pero sin problemas encontramos sitio para aparcar en la calle Fuente del Caño. Y desde allí ya nos encontrábamos a una corta distancia de la Oficina de Turismo que se encuentra ubicada en uno de los molinos, más concretamente en el molino Poyatos. Allí nos explicaron que había distintas opciones para ver los diferentes molinos de la localidad. Un bono para visitar todos los recursos turísticos, como el museo Eloy Teno, el museo de Sara Montiel, la casa Cueva y el molino Infante a un precio de 5€ y la otra opción es la de elegir uno por uno lo que te interese a un precio de 2€ cada uno a excepción de la casa cueva que solo cuesta 1€. Al final solamente elegimos visitar el Molino Infante y la Casa Cueva. 

Preciosa la estampa de los molinos, totalmente comprensible que Don Quijote los confundiera con gigantes. 












Después de comprar las entradas en la Oficina de Turismo, como antes os he comentado, fuimos directamente a visitar la Casa Cueva, puesto que abrían a las 11 y nos daba tiempo antes de la visita guiada al molino Infante, que es el que te enseñan y explican por dentro.

La Casa Cueva consta de dos plantas con patio de acceso. Su estructura es de fábrica de tapial y su cubierta es inclinada con teja curva sobre estructura de madera. La fachada consta de tapia encalada con zócalo y jambas de la puerta en color azul añil. En la parte superior tiene una tienda con souvenirs de la localidad. Ni qué decir que nos compramos un molino, de los que tienen la cubierta de pizarra negra, que son los originales del siglo XVI. 









A continuación, hicimos la visita guiada al molino. Muy interesante la explicación, y muy amena. Nos encantó conocer cómo funcionaba un molino y todos los entresijos del trabajo del molinero. Os la recomendamos. 












Seguimos visitando algunos de los molinos que se pueden visitar, en concreto el de Quimera, en donde había una exposición de los pasos de Semana Santa de Campo de Criptana en miniatura. 



 





Como no habíamos comprado la entrada para ver el Museo de Eloy Teno, decidimos dirigirnos a la Plaza Mayor disfrutando del paseo por el barrio del Albaicín. De camino, pasamos a la Ermita de la Veracruz. Su construcción se remató en 1573. Es de nave rectangular con cubierta de teja curva árabe a dos aguas. Lo más representativo actualmente del edificio es su portada de acceso, que se abre bajo el arco de medio punto perfectamente adovelado. 




Llegamos a la Plaza Mayor en donde se encuentra la Iglesia de la Asunción de Nuestra Señora, la iglesia parroquial de la localidad. Solo pudimos asomarnos a su interior pues la gente estaba saliendo de misa y no queríamos molestar. Inaugurada en 1958, se levanta sobre el solar de la construida a lo largo del siglo XVI sobre otra anterior, que fue incendiada en agosto de 1936, es de una sola nave con bóveda de cañón y capillas a ambos lados. Lo más llamativo de ella es la bóveda vaída del crucero y en el exterior su elevada torre. Tiene un estilo ecléctico, mezcla de diversas influencias, entre las que destaca la clasicista, vigente en la arquitectura española posterior a la guerra civil. 





Justo a la vuelta de la iglesia, se encuentra el Pósito, con acceso libre.

Es un edificio del siglo XVI ampliado durante el reinado de Carlos III. Sede de un banco agrícola que bajo el control del Ayuntamiento prestaba grano a los agricultores en época de carestía, era gestionado por el Ayuntamiento. Tras la guerra de la Independencia, comenzó su declive. En 1914 fue enajenado en pública subasta y tras diversos avatares en 1991 pasó a ser propiedad municipal. En la actualidad es Museo, y alberga una muestra permanente de arqueología y algunas exposiciones temporales como la que encontramos sobre los sacramentos. 







De vuelta al coche saludamos a Cervantes y visitamos la ermita de la Madre de Dios. 




La ermita de la Madre de Dios data del siglo XVII, cuando era conocida como ermita de Nuestra Señora de las Angustias. En 1697 se construyó su cubierta abovedada, obra de la que se encargó Damián de Sierra. En los años 60 del siglo XVIII se erigió un retablo para albergar la imagen de la titular. Su aspecto actual es fruto de numerosos avatares incluidos los derivados de la guerra civil.




Volvimos al coche para dirigirnos a comer pero como aún era pronto, nos acercamos a la Ermita de la Virgen de Criptana que se encuentra a unos escasos kilómetros de la localidad. 

Se erige en lo alto de un cerro. El edificio, construido sobre otro anterior data del siglo XVI y su proyecto es de 1513, realizado por Juan García y Esteban Sánchez. A lo largo del tiempo ha tenido varias restauraciones, pero en parte se han respetado los elementos originales renacentistas. 

En su exterior debe destacarse la portada de acceso, un arco de medio punto y columnas de orden toscano. 




Su interior es de tres naves que se cubren con tramos abovedados, alternando las bóvedas vaídas de la central con las de medio cañón de las laterales. 



Por último y ya después de comer, fuimos a ver la ermita del Cristo de Vellajos, que también se encuentra a las afueras de la localidad aunque en dirección opuesta a la de la Virgen de Criptana. 

Tiene su origen en la iglesia del pueblo de Villajos, despoblado a finales de la Edad Media. En 1575 consta que estaba bajo la advocación de Nuestra Señora de Villajos. La ermita decayó hasta que fue reedificada hacia 1663 ya en estilo barroco para ser el centro del culto a la imagen del Cristo de Villajos.





El interior es lo más interesante del edificio. La nave longitudinal se cubre con bóveda de cañón con lunetos y falsos ventanales. La nave de crucero tiene en sus extremos secciones de bóveda de cañón; su parte central está rematada por cúpula sobre pechinas. El testero es plano y cuenta con un retablo que imita el original barroco destruido en 1936.





Unas escaleras conducen a un pozo de nieve, que era una construcción de arquitectura popular dedicada a almacenar y conservar hielo para distribución y venta, cuyos fines principales iban destinados a conservar y refrigerar alimentos, bebidas y medicinas. Por desgracia, no pudimos ver su interior.


Y con esto dimos por terminada nuestra escapada de día a la localidad de Campo de Criptana. Muy completa y sobre todo muy interesante en lo que respecta a la visita a uno de los molinos de viento antiguos de la localidad. Os lo recomendamos.